EL DESAYUNO DEL MARCIANO
Mientras
sonaba el piano sordo,
la melódica tierra tenía un sueño
divagante
que parecía un sonido
mudo en la
casa mundana
de color azul que habitaba el
marciano
rojizo y agudo. El sutil
habitante de la
vía láctea se
afeitaba con
crema de kieckar un fruto de la zona.
Luego cocino una luna crocante que mojaría en
el café chispeante
que tomaría
como desayuno. El agudo personaje
se atragantaría con el sutil satélite
y se quejaría a la NASA por tal infructuosa
experiencia.
ALE.
4/4/´17
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