Nunca olvidaré el día en que le abrí
las puertas a la literatura.
Aquella noche de mi tierna infancia en
que abrace sus páginas.
Aquel día de mí
tímida adolescencia en que decidí volar
por los aires de la escritura.
Aquel encuentro que tuve con mi
primer libro cuando cómo una aventura,
devoré sus letras.
Mi amor por ellas me llevaba a desandar
una por una sus hojas
y a
encontrar cómo desnudar y besar cada una
de sus letras
y hacerles el amor cuando las escribía.
Esa fue mi respuesta, la poesía es
testigo, ante la vida.
Ale.
10/3/´16
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